miércoles, 6 de febrero de 2008

Marcos dialoga con intelectuales del mundo

Expositores de Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos. Marcos quiso debatir con pensadores de las ciencias sociales sobre las tendencias del mundo capitalista. Alto nivel teórico.

Ricardo Cuéllar Valencia* - Papel Salmón

Estuve dos días, de los cuatro que duró, en el Coloquio Internacional Planeta Tierra: movimientos antisistémicos en memoria de Andrés Aubry, realizado del 14 al 17 de diciembre de 2007, en la Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

Dos intereses me llevaron a la Universidad de la Tierra: conocer en persona al Subcomandante Marcos y escucharlo en medio de diferentes expositores de distintas partes de Europa, Hispanoamérica y Estados Unidos. Lo vi caminar hacia la mesa de intervenciones en cuatro ocasiones. De mediana estatura, fornido, dueño de una carismática calma militar. Atento a cada intervención. Poco miraba al público. Siempre fumando su pipa. A veces tomaba notas o escribía lo que en ese momento pensaba, tal vez. En cada una de las mesas participó con un diferente discurso. Cada intervención de los invitados duró 30, 40 y hasta 50 minutos, cada una clara, precisa, crítica y generalmente lúcida.

Lo primero que me llamó la atención fue el alto nivel teórico de cada intervención, las cuales giraron en torno a asuntos propios del mundo capitalista actual; tendencias y formas recientes que ha asumido dentro y fuera de los Estados Unidos; algunas experiencias en América Latina y el Caribe y, obvio, en México, particularmente en Chiapas.

Se trató de una decidida determinación: Marcos deseó públicamente debatir con pensadores de las ciencias sociales sobre ciertos rostros del devenir del mundo capitalista. Allí estuvieron: Jorge Alonso, Jean Robert, Noami Klein, Silvia Marcos, Pablo González Casanova, Jhon Berger, Francios Hontart, Peter Rosel, Gustavo Esteva, Carlos Aguirre Rojas, Inmanuel Wallentein.

La primera intervención

Las intervenciones en las dos mesas de cada uno de los cuatro días de Marcos las dio a conocer, pocos días después Ediciones Pirata, intituladas Ni centro ni periferia .

El primer discurso del Subcomandante y el último trataron de la teoría. El primero, “Arriba, pensar en Blanco. La geografía y el calendario de la teoría”.

En esta intervención Marcos destacó un punto decisivo para el pensamiento más actual en las ciencias sociales y, por supuesto en la visión de la política: “… sólo diré que habrá que encontrar alguna forma de ligar la teoría con el amor, la música y el baile”. Pero toma distancia desde el silencio. No rememora nada de la historia de Occidente, apenas esboza algo de lo vivido y pensado por los zapatistas. Y a renglón seguido apunta: “Tal vez la teoría no alcanzaría a explicar nada que valiera la pena, pero sería más humana, porque la seriedad y el acartonamiento no garantizan el rigor científico”. Su discurso, afirma, lo sostiene las relaciones entre la geografía y el calendario, esa “larga trenza que entre ambos se anuda abajo, uno de los referentes de nuestra palabra”. Es la lucha que podría ser “entendida y explicada como una lucha de geografías y calendarios”.

Pero antes, desde el inicio de su discurso parte, para contar lo que desea, de un personaje: “Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN”. El Subcomandante crea un personaje literario, a pesar del referente real, para pensar sobre el amor, la música, el baile, la teoría, la practica, la crítica política y la guerra.

En primera persona nos encontramos con el escritor, con el pensador. Al mismo tiempo asume renovando el saber maya milenario y es entonces cuando recuerda y señala los siete dioses, los siete colores, los siete puntos cardinales (el arriba y el abajo, el adelante y el detrás, el uno y el otro lado, y el centro) y los siete sentidos: oler, gustar, tocar, ver, oír, pensar y sentir.

En este discurso hay una estrecha y redefinida relación de literatura, mito y filosofía. La literatura le ofrece la creación del personaje. Del mito asume una visión del mundo y de la filosofía hace algo diferente: une lo disperso, lo opuesto a la tradición filosófica occidental sin decirlo explícitamente. Algunos poetas y filósofos, escasos, desde el siglo XIX, en especial, han considerado decisivo para el conocimiento la vital relación de los cinco sentidos con la sensibilidad (sentir) y el pensamiento que también conoce. El movimiento entretejido, diverso y múltiple de los sentidos y el pensamiento son los creadores del conocimiento.

Un momento central del primer discurso de Marcos es el de cuestionar la manera como se ha entendido el trabajo científico.

Entre la teoría y la realidad


Desde “una mirada atenta y crítica” observa las relaciones entre ciencia y verdad, conocimiento y realidad. Indica la existencia de “una tienda departamental con teorías para cada ocasión”. Cada teoría será adquirida de acuerdo a la satisfacción de ciertas y determinadas necesidades de los clientes. Esas teorías en oferta para el comprador deben cumplir una doble función: “por un lado: desplazar la responsabilidad de un hecho con una argumentación, que no por elaborada es menos ridícula; y, por el otro, ocultar la realidad (es decir, garantizar la impunidad). Llama la atención sobre la enorme distancia que desde hace tiempo se ha tendido entre la teoría y la realidad; que la cientificidad es un disfraz que busca sepultar la realidad. Señala que la ciencia social cuando se limita a expresar deseos, juicios, condenas y recetas “en lugar de tratar de entender para tratar de explicar, su producción teórica no sólo resulta incapaz, sino, la más de las veces patética”.

La distancia entre teoría y realidad “no solo se convierte en un abismo, también presenta el triste espectáculo de autodeterminados científicos sociales arrojándose con singular alegría al vacío conceptual”.

La crítica a los intelectuales progresistas que llama izquierda institucional es contundente, mordaz, sin concesiones.

El pensamiento progresista que trabaja desde el análisis y reflexión diferente para el Subcomandante es un “saber de su navegar río arriba en el cause del conocimiento.”

No podía dejar de decir que se encuentra hasta cierto punto aislado: afirmó al referirse a la presencia de los investigadores y pensadores que lo acompañaban: “es un alivio para los que a veces imaginamos que no estamos solos”.

En otras intervenciones


En otro momento expuso lo que llamó “Algunas tesis sobre la lucha antisistémica”. La tesis séptima integra las anteriores. Dice:

“Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen como irrelevantes para el político y el analista de arriba. La historia no se transforma a partir de plazas llenas y muchedumbres indignadas sino, como lo señala Carlos Aguirre Rojas, a partir de la conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra política”.

Sobre la Lucha de las Mujeres, Marcos por medio de algunas muy precisas anécdotas explicó de qué manera algunas mujeres del centro no han sabido establecer una relación de conocimiento horizontal y no vertical con las zapatistas.

En otro momento recurrió a la lectura de un cuento poético, nada infantil, como aparenta: Diciembre y la historia del libro sin manos .

Disertó sobre Tabasco con un análisis social, económico, político e ideológico rigurosamente planteado desde la metodología de investigación de un colectivo. Elogió a Cuba.

Cantó no al reposo del guerrero, sino a la sombra del guerrero.

Al considerar en Chiapas, el Calendario y la Geografía de la Tierra cita la Ley Agraria Revolucionaria como un logro concreto, real, indeclinable para el EZLN.

Las noches fueron frías. Hubo café y pan. Venta de libros y revistas. Amigos y nuevas amigas. Bellas mujeres europeas, sobre todo italianas, también francesas y españolas, entre otras; fotógrafos y periodistas.

Otra disertación el Subcomandante la desarrolló sobre “Oler el negro. El Calendario y la Geografía del Miedo”. Se ocupó de la ética del miedo, del miedo a la transformación. Dejando a un lado las condiciones materiales “que lo permiten y marcan”, que hacen posible el miedo, y desde allí anota que su “existencia, reparto y jerarquía del miedo”: el miedo de género, el miedo de generación, el miedo de lo Otro, el miedo de identidad o de raza.

En otro momento escuchamos una pieza literaria original, polivalente, donde trata el amor entre indios con humor, belleza y sabiduría: la explicación de Elías Contreras a la Magdalena de su peculiar versión del amor.

Más tarde se detuvo a considerar algo sobre la memoria y categórico expresó: “nuestro alzamiento es contra el olvido”. Habló de la mirada. Apoyándose en varios de los expositores habló de la mirada “a” los zapatistas y de la mirada “de” los zapatistas.

La última intervención

La última intervención del Subcomandante Marcos la centró en “Sentir el rojo. El Calendario y la Geografía de la Tierra”. Indicó varios signos que le hacen entender la cercanía de la guerra en tierras zapatistas: “las señales de la guerra en el horizonte son claras. La guerra como el miedo, también tienen olor. Y ahora se empieza a respirar su fétido olor en nuestras tierras”.

En un ligero apunte autobiográfico destaca que en los dos últimos años “que hemos estado fuera, nuestra producción teórica, reflexiva y analítica ha sido más abundante que en los doce años anteriores”.

*Escritor.



El Subcomandante Marcos cerró el Coloquio Internacional Planeta Tierra: movimientos antisistémicos en memoria de Andrés Aubry, que se realizó en la Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, con los siguientes planteamientos:

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“Porque para nosotros, nosotras las zapatistas, el problema teórico es un problema práctico.”

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“No se trata de promover el pragmatismo o de volver a los orígenes del empirismo, sino de señalar claramente que las teorías no solo no deben aislarse de la realidad, sino deben buscar en ella los mazos a veces son necesarios cuando se encuentra un callejón sin salida conceptual.”

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“Las teorías redondas, completas, acabadas, coherentes, están bien para presentar examen profesional o para ganar premios, pero suelen hacerse añicos con el primer ventarrón de la realidad”.


¿Quién es el Subcomandante Marcos

La figura del Subcomandante Marcos (Rafael Sebastián Guillén Vicente) nace el día 1 de enero de 1994, como cabecilla de la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas. Marcos aglutina en su persona el descontento y se erige como interlocutor de las capas más desamparadas de la sociedad mexicana en demanda de una mayor democratización del país. Su discurso cala en una sociedad que pese a la integración con el Tratado de Libre Comercio en el mercado norteamericano sigue manifestando muchas carencias.

Con el carisma de antiguo líder revolucionario, su personaje está inmerso y se define dentro de un proceso de cambio en el México de finales del siglo XX. Tras la caída del poder del PRI y la elección en julio de 2000 de Vicente Fox Quesada (PAN) como presidente, del 24 de febrero al 11 de marzo de 2001 encabeza una marcha zapatista hasta la sede del poder legislativo en Ciudad de México para reivindicar los derechos de las etnias indígenas mexicanas.

El Congreso aprueba una ley que reconoce los derechos de los 10 millones de indígenas, pero la introducción de importantes modificaciones por los parlamentarios provoca la oposición de la izquierda y del Consejo Nacional Indígena.

Marcos corta cualquier tipo de negociación con el gobierno y declara la intención del EZLN de no deponer las armas y seguir con su insurrección todo el tiempo que sea necesario.

*Tomado de la página web www.laBiografia.com

Reflexión e invitación a decir NO al redondeo

¿QUE ONDA CON EL REDONDEO?
ESTO SOLO PASA EN MÉXICO
Ayer en un centro comercial, Soriana para ser exactos, mi padre redondeó su cuenta, algo un tanto insignificante y una práctica muy común en todos y cada uno de los centros comerciales del país.
El ticket de compra aparecía ‘redondeo 85 centavos’; mas lo que despertó mi instinto, ‘mi instinto legal’ fue que, en la pantalla de la cajera aparecía el siguiente concepto: ‘Donación Cáritas A. C.’. Al ver lo anterior escrito, le pregunté a la cajera que si ellos (es decir ‘Soriana’) lo manejaban como una donación, a lo cual me respondió que sí, pues bueno ahora litigando fiscal entiendo que todas y cada una de la donaciones son deducibles de impuestos para cada contribuyente siempre y cuando se expida el dicho comprobante fiscal. Basado en lo anterior, le pedí a la cajera que me diera mi comprobante de donación, claramente la respuesta fue una negativa ya que ellos solo lo manejan como redondeo.

Pedí hablar con el gerente ya que evidentemente bajo mi razonamiento había una evasión fiscal escondida tras un redondeo, llego el gerente y le dije que si podía expedirme un recibo de donación a cargo de Cáritas a. c. por todas mis compras realizadas en dicha tienda ya que, ese era el concepto y quería deducirlas (evidentemente le dije que traía conmigo mis tickets de compra, falso pero bueno, esa era la onda ) el gerente me negó mi comprobante (que ojo! es mi derecho), y trató de explicarme que bueno, ellos solamente son captadores del efectivo, es decir juntan la suma de capital del redondeo y lo entregan a Cáritas A. C.

Terminé pidiéndole que me regresara mis 80 centavitos porque no iba a participar en una defraudación fiscal y accedió.

Porqué fraude??? Pues es simple, ellos recaudan una cantidad específica de dinero a lo largo del mes, calculemos que de cada compra recaudan 50 centavos , es claro que en un mes recaudan una muy alta cantidad de pesos, esa cantidad es recolectada en este caso por Soriana S. A. de C. V. y entregada a Cáritas A. C. ojo, el dinero que es de un montón de ciudadanos y cooperación de los mismos no es entregado en nombre de todos y cada uno de los contribuyentes REALES, sino en nombre de ‘Soriana’ por lo que el recibo de donación es a nombre de ‘Soriana’… más claro?? Lo que tú donaste se lo adjudica otra persona, y ella lo deduce es decir hace uso de tu dinero para ahorrarse impuestos, es decir defrauda a el fisco y paga con tu dinero impuestos que el debería de pagar con el suyo.

Así que la próxima vez que te pidan el redondeo piénsalo, no te digo que no dones, para eso ahórrale y hazlo directamente ante las instituciones y no ante una empresa ’intermediaria’ Si calculamos que en un día de quincena, por una caja pasan 30 clientes por hora, y si lo multiplicamos por 25 cajas, por 15 horas en que está abierta la Soriana, con un supuesto de 50 centavos de redondeo por cada compra, nos da un total de 5,625 pesos… por tienda . Existen 220 tiendas de Soriana en la república, se metieron $1,237,500 pesos al día. ¡¡Es un robo hormiga!! Si gana y ese es un milloncito diario, calcula mensualmente POR 30 DÍAS , o mejor aún por 365 días del año nos da un total de la nada despreciable lanita de $451´687,500.00 que es la forma en que se deduce y nada más chécate la gran cantidad de $$$ que no pagan… de impuestos que forma de robar, no tienen vergüenza! y nosotros sí pague y pague impuestos, mientras que ellos evaden al fisco, franca y descaradamente, y a dónde va tanto dinero?, acaso pecan de honestidad y entregan todo el dinero? ya te lo estás preguntando? y por si fuera poco TODAVÍA TE LO METEN EN LA CABEZA POR LA TELE, en lo que a mí respecta ya no pienso colaborar con ese fraude. Y para finalizar, esto lo hace también H. E. B, GIGANTE, CHEDRAUI, WALL MART, OXXO, ETC., Y TU… QUE PIENSAS DEL REDONDEO?? SEGUIRÁS DICIENDO TODAVÍA QUE SÍ?
Atte. Un ciudadano de buena fe

El Estado mexicano busca criminalizar a los movimientos sociales, alertan activistas

* Emprenden campaña para frenar esta “política de Estado”
* Las mujeres son “botín de guerra no declarada”: Católicas por el Derecho a Decidir

México DF, febrero 5 de 2008 (Rocío Sánchez/NotieSe).- La Red Todos los Derechos para Todas y Todos, integrada por casi 60 organizaciones civiles de defensa de los derechos humanos, arrancó la campaña nacional “La protesta es un derecho, la represión un delito”, en respuesta a la que consideran una política del gobierno de Felipe Calderón de criminalizar los movimientos sociales.
En casos como los conflictos sociales de San Salvador Atenco, estado de México, y la capital del estado de Oaxaca, el actual gobierno federal ha mostrado una clara intención de desgastar y desprestigiar a los movimientos de oposición, afirmó en conferencia de prensa Luis Arriaga, director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. Esta estrategia incluye postergar la solución hasta un extremo en que la opinión pública se encuentre polarizada, para así justificar el uso excesivo de la fuerza pública.
Las y los activistas alertaron sobre la posibilidad de que la reforma al sistema judicial que se encuentra en discusión en el Congreso de la Unión criminalice y catalogue como “terroristas” a los luchadores sociales.
La campaña inició hoy martes con acciones de difusión en los 20 estados de la República donde la Red tiene presencia.
Una de las organizaciones integrantes de la Red es Católicas por el Derecho a Decidir, que en voz de María de la Luz Estrada alertó sobre el uso de la fuerza pública como instrumento de represión, especialmente sobre la figura de las mujeres, quienes “son tomadas como botín de guerra no declarada”.
Entre las labores de combate al crimen organizado que se le han asignado al Ejército Mexicano, la activista afirmó que “es válido agredir sexualmente a las mujeres”, como sucedió en la violación tumultuaria que una veintena de soldados cometió contra 13 trabajadoras sexuales en la comunidad de Castaños, Coahuila.
“De poco han servido los mecanismos contra la violencia hacia las mujeres, como las fiscalías especializadas, si es el propio Estado el que fomenta estas prácticas”, contrastó Estrada.
Finalmente, Edgar Cortez, secretario ejecutivo de la Red, resaltó que esta campaña también tiene por objetivo reivindicar las protestas sociales en las calles como un elemento de desafío a la autoridad para señalar algo que no funciona y no solo verlas como una “afectación de los derechos de terceros”, como las autoridades y muchos medios de comunicación las hacen ver.
“Las calles también son espacios de participación ciudadana, de convivencia y de debate para los asuntos públicos”, concluyó el activista.


domingo, 3 de febrero de 2008

El buen salvaje otra vez

por Jean Meyer

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Luego de la irrupción del EZLN en Chiapas, dos fantasmas recorren Europa: el indio y la Revolución. Jean Meyer revisa cómo Marcos ha cautivado a intelectuales como Alain Touraine y Régis Debray. Se trata, en esos casos, y en los de muchos jóvenes europeos, de encontrar en la América ignorada lo que no se halló en el propio continente, y también de lavar la mala conciencia.

A nadie le gusta aceptar el fin del sueño noble, llámese "Ciudad del sol", "Ciudad de Dios", "Nueva Jerusalén", "Reino de la libertad". Esta dificultad en aceptar la dura realidad de que ese mundo sublunar no es ni puede ser el Jardín del Paraíso, explica el eco prodigioso que despertó la ciberguerrilla de Marcos y el EZLN.
Resucitaron de repente los mensajes aparentemente olvidados de Robin Hood y de Heraclio Bernal, de Las Casas y de Zapata, de Cuauhtémoc y del Che Guevara, de Cochise, Jerónimo y Fidel Castro. Tanto en México como en Europa despertaron las esperanzas milenaristas de un "fin de la historia" que no fuese el triunfo del "neoliberalismo y de la globalización", sino el advenimiento del Reino. ¿Cuál reino? El de la libertad, la igualdad, la fraternidad. No pidan más precisiones: cada quien es libre de soñar su utopía. Cristiana o comunista, anarquista o autoritaria, horizontal o vertical, eso es lo de menos. La dimensión indigenista o indianista ausente en el programa inicial del EZLN, apareció tan pronto como Marcos tomó la medida de su importancia en la esperanza reencontrada en México y más aún en Europa, especialmente en la Europa católica y latina: Francia, Italia, España. Para mucha gente, jóvenes y no tan jóvenes, a través de los Chiapas mexicanos, América volvió a ser el Nuevo Mundo y Marcos el Caballero Esperanza. Así que tenemos dos personajes, dos fantasmas que recorren a Europa, el Indio y la Revolución.
Leszek Kolakowski me enseñó que Marx era un profeta del Antiguo Testamento y un filósofo alemán, cuya "fantasía" (utopía) de la emancipación total de la humanidad a través de la lucha de clases, seguida al pie de la letra como en el caso de Lenin, llevaba no a la liberación, sino a la subyugación social absoluta. Antes de Marx la Revolución Francesa, por lo menos en su punta de lanza jacobina, ultrajacobina (la de Gracchus Baboeuf; llamarse Graco: ¡todo un programa revolucionario viejo de dos mil años!), había demostrado cómo el camino de la generosa utopía libertadora conducía al Reino del Terror. Tardé unos años en aceptar la lección.
Por eso ahora no me hacen vibrar los mensajes neozapatistas: he aprendido algo de la historia y de la frecuentación de ciertos buenos, y no tengo los 16 o 20 años que amplifican las vibraciones. Sin embargo, Alain Touraine es mayor que yo y lo de Chiapas lo ha rejuvenecido de una manera extraordinaria. En 1992 él no dudaba en proclamar que "la época de las revoluciones ha terminado, la racionalidad económica es el signo de la modernidad actual (...) Como consecuencia del fracaso de los regímenes totalitarios, nuestra visión cambió radicalmente. Después de haber pensado que la revolución era el mejor camino para crear la modernidad, 30 o 50 años después, llegamos a la conclusión histórica —no teórica— de que esta politización de la economía, esta mezcla de todo, llevaba a la ruina".1
Entre los peregrinos célebres que fueron al Chiapas "revolucionario" está Alain Touraine, quien participó en el Encuentro Internacional por la Humanidad y contra el Neoliberalismo. Manifestó su entusiasmo frente a Marcos, el "demócrata armado". "La historia retendrá el coraje físico, político e intelectual del subcomandante Marcos, sociólogo a caballo, mestizo entre los indígenas, patriota mexicano y militante revolucionario mundial, que arriesga su vida para unir de nuevo, en América Latina y en otras partes, la lucha revolucionaria y la libertad política".2
Regis Debray en varias ocasiones había hecho la autocrítica de su pasado revolucionario y de su apología de la vía armada en Revolución en la Revolución; se había distanciado de la Revolución cubana y de las otras revoluciones, hasta de las figuras un tiempo tutelares de Fidel y del Che; pero se recalentó al calor de la fogata
de Marcos.
Muy sensible desde hace tiempo a los "medios de fascinación", Debray admiró en Marcos, posiblemente, más al genio de la comunicación que al guerrillero. Reconoció también, sin duda, al colega universitario experto en Internet, quien con unos días de disparos consiguió una cobertura informativa mundial que las guerrillas guatemaltecas o colombianas no lograron en 30 años (Gabriel Zaid dixit).
Dejemos a un lado a Regis Debray, quien no tardó en volver a su escepticismo permanente: ahí están los miles de jóvenes y no tan jóvenes que conforman la red internacional de ¡Ya basta! con todos sus comités de apoyo, católicos, protestantes, socialistas, comunistas: en dos palabras, cristianos y/o de izquierda. Nos dicen que la esperanza revolucionaria, milenarista, religiosa (cristiana o anticristiana) no ha muerto. Esa esperanza mueve a gran parte de las ong y de las iglesias que siguen esperando el juicio de Dios en la Historia, bajo la forma de la Revolución, fuego purificador, espada (AK) del arcángel Miguel. La estrella de cinco puntas, la de los bolcheviques y de Mao, está presente, y la cruz también, con la Virgen de Guadalupe. La revolución marxista y la revolución cristiana.
Por eso vienen en peregrinación las abadesas, las madres superioras, los reverendos padres y también los dirigentes del Partido Comunista Italiano, y quien fue la esposa de un presidente francés, sin hablar de tantos jóvenes atraídos por la personalidad de Marcos y sus alusiones tanto teóricas como sexuales. Hablar de ese nuevo alto a la personalidad de un enmascarado (el caballero inexistente) nos llevaría demasiado lejos, pero no es separable de la idea revolucionaria. Digo "idea", pero la palabra no es buena, habría que decir "idea-pasión". La idea-pasión más poderosa del siglo XX, más fuerte aún porque redoblaba la apuesta aparentemente perdida en el siglo XIX, es, no cabe duda, la idea de la revolución, roja, parda o negra. La caída del muro de Berlín y de la URSS, en 1989-1991, fue, para muchos, algo como la muerte de los dioses en tiempo de politeísmo, o la muerte de Dios, en tiempo de Nietzsche y de nosotros también. Dejó a los creyentes huérfanos. Hasta el año nuevo de 1994 cuando Marcos volvió a predicar la buena noticia, con algo de fondo sonoro senderista, referencia que no pasó inadvertida para todos.
Se entiende el eco de la prédica en México: la izquierda perdía toda esperanza frente a los éxitos acumulados de un joven Carlos Salinas de Gortari que aparecía invencible: habría pri hasta 2012 o 2018, decían los menos pesimistas. Como escribieron Bertrand de la Grange y Maite Rico: "Marcos, como el niño del cuento, se había atrevido a señalar que el emperador iba en realidad desnudo".3 Y un régimen como el mexicano, que funda su legitimidad, desde 1914, sobre la Revolución, que había hecho de la figura de Emiliano Zapata un ídolo revolucionario, tenía que ser muy sensible a dicha prédica. El mismo presidente Salinas, sincero enamorado de la figura de Zapata, sufrió una ruda sacudida.
Si la palabra "revolución" pertenece al nacionalismo y al civismo mexicanos, la Revolución Cubana fue y sigue siendo para las generaciones más recientes el Octubre de América Latina. Si Europa vibra todavía pensando en Octubre, México y América Latina cuánto más pensando en la Moncada, en Fidel, en el Che... y en Marcos, su reencarnación última. Cuba fue para una generación europea "la fiesta cubana"; para una generación latinoamericana, "el primer territorio libre de América". Por eso, hasta la fecha, Fidel sigue prácticamente intocable para cierta izquierda, la que nunca pudo renunciar a la patria socialista y a la violencia revolucionaria. Si algunos "intelectuales de izquierda" han rectificado después de 1989-1991, pocos reconocieron públicamente su error. Muchos se habían quedado silenciosos, estupefactos, consternados, hasta que en enero de 1994 Marcos les trajo un estupendo regalo: la utopía no había muerto, existía un nuevo territorio libre en América, en México,
en Chiapas.
Pablo González Casanova no había perdido la fe; en 1992 escribió: "Tal vez desde Montesquieu no se ha pensado en un equilibrio de poderes, soberanías y autonomías populares y democráticas tan eficiente y posible como el cubano".4 Fue de los primeros en celebrar la buena noticia anunciada por Marcos: otra vez era posible la redención colectiva a través de la derrota del liberalismo, en una feliz aleación de marxismo, cristianismo e indianismo. ¿No había escrito ya el mismo autor?: "Si las clases dominantes hacen de la religión el opio del pueblo, las revoluciones reclaman su carácter libertador. Viven la fe y la lucha por la liberación como un solo compromiso..., la eucaristía se liga al acontecimiento liberador y pascual que se ha vivido en carne propia. Se elabora el análisis político antes y después de la misa. El atrio es también el ágora".5
La revolución como utopía milenarista, y la teología de la liberación, no menos utópica, no menos milenarista, se encontraron en Chiapas para crear, una vez más, el "nuevo mundo", la América. Una vez más, por lo menos para los católicos, porque para los revolucionarios eso es algo nuevo, el "indio" recuperaba su calidad de "buen salvaje", limpio de todos los pecados del viejo mundo individualista, burgués, liberal. Además el buen salvaje, el antiguo gens angelicum (la gente, el pueblo, la nación angelical, celestial) de los franciscanos del siglo XVII, se había transformado en el "buen revolucionario".6 Al pelearse el "indio", el subcomandante Marcos y el obispo Samuel retomaban, quizá sin saberlo, un viejo pleito de la Nueva España entre criollos, hacendados, mineros, capitanes por un lado, eclesiásticos por el otro.
Ese nuevo episodio le hubiera interesado mucho a Carlos Rangel porque viene a darle la razón en cuanto a su tesis sobre la cruza entre los errores de los latinoamericanos sobre sí mismos y los errores de los europeos sobre América Latina. La persistencia de ambas equivocaciones explica la audiencia de Marcos. Las aberraciones y las ilusiones de los latinoamericanos han sido siempre alentadas por las proyecciones narcisistas de los europeos. Eso es obvio cuando se trata del entusiasmo europeo para cierta novela o para cierta pintura latinoamericana, pero pasa lo mismo en ciencias sociales y en política.
Jean François Revel, tan duro para México (con toda razón) en 1952, tan severo (con toda razón) para La tentación totalitaria (1975), dijo que la ideología es la hermana gemela de la patología. Dijo también que para los europeos

"América es como el espejo de sus propias obsesiones, repulsivas en el caso de América del Norte, oníricas en el caso de América del Sur. Así, poco después de la ruina de la "revolución" imaginaria de 1968, los europeos buscaron la realización de sus sueños entre los guerrilleros: Tupamaros, Montoneros, Guevaristas y luego Senderismo peruano o totalitarismo sandinista inspirado y sostenido por el de Castro [...] La izquierda europea esperaba de América Latina, y del Tercer Mundo en general, la revolución de la cual había sido frustrada [...] encontró un nuevo soporte a sus sueños insurgentes en 1994, en México, en el EZLN del subcomandante Marcos."7

¿Cuántos jóvenes europeos que, el 1 de enero de 1994, ignoraban todo de México, y de Chiapas hasta el nombre, no tardarían en embriagarse en el nuevo género literario creado por Marcos? "¡Ya basta!" Con entusiasmo y generosidad retomaron su grito. Y sus hermanos mexicanos también, los de su edad, y los veteranos de las generaciones izquierdistas anteriores, y un tiempo hasta la gran mayoría de la sociedad mexicana, o por lo menos de la sociedad urbana de la megalópolis, tan es cierto que existe, latente, la mala conciencia de las clases medias frente a los pobres. De repente se le presentaba la imagen lejana del pobre por excelencia, de un pobre revestido de todas las virtudes, de un pobre potencialmente mesiánico, el indio, raíz de nuestra nacionalidad, el indio como un casi-Cristo, presentado al mundo por un Robin Hood y por un Las Casas no menos mediático que su rival y alter ego, el del pasamontaña y de la pipa.

México, Francia, Italia, España son países católicos que han podido encontrar en el espíritu revolucionario la misma pasión que animaba a Marx y Engels, siglos después de haber animado a Joaquín de Fiore: el viejo milenarismo apocalíptico cristiano. Esa antigua pulsión utópica, rejuvenecida periódicamente en América, "continente de revoluciones", en México, "tierra de volcanes", la vuelven a compartir cristianos y no cristianos, hombres jóvenes —y no tanto—, impacientes de poner fin al reino del mal. Comparten la idea de que el mundo presente es malo y de que la salvación será total o no será. El viejo mundo no puede remendarse, hay que acabar con él para llegar al nuevo mundo. ¿Quién, si no el habitante original, el que tiene sus raíces en América ("el nuevo mundo") está llamado a redimir a la humanidad?
De repente, el "indio" se encuentra promovido a la dignidad de agente revolucionario y es el nuevo "proletariado". La iglesia católica mexicana e internacional retoma así un sendero que siguió hace siglos y los mesianistas de izquierda la siguen en esa vereda, nueva para ellos. Tanto cierto nacionalismo mexicano, como cierto internacionalismo europeo, comulgan en esa nueva empresa muy antigua: "¡a redimir indios!", una vez más.
Un viejo sueño europeo, que nunca tuvo que ver con la realidad americana, ha sido reactivado en Chiapas por un obispo que, en principio, no soñaba con ninguna revolución pero sí en cerrarles el paso a los protestantes, y por un guerrillero que, en principio, no manejaba ningún indianismo, sino buscaba "el eslabón más débil". La teología de la liberación acercó al obispo al guerrillero y los catequistas indígenas acercaron al guerrillero al obispo. Ambos eran rivales incompatibles, pero el entusiasmo de sus partidarios europeos y mexicanos les prohibió cualquier ruptura aparente. Esos partidarios encuentran en Marcos y don Samuel una mitología histórica en acción; con ellos reviven los que Alfonso Reyes llamó "los padres izquierdistas de América" (en el siglo XVI), los hombres de More, Campanella, Erasmo, Vives y Valdés. Vuelven a sonar las palabras de Vasco de Quiroga:

"Porque no en vano, sino con mucha causa y razón; éste de acá se llama Nuevo Mundo y es Nuevo Mundo, no porque se halló de nuevo, sino porque es en gentes y cuasi en todo como fue aquel de la edad primera y de oro [...] la edad primera y de oro, por nuestra malicia y gran codicia de nuestra nación; ha venido a ser de hierro y peor."

María Sabina
y los hongos
R. Gordon Wasson
L
a noche del 29 al 30 de junio de 1955, cuando asis-tí
por primera vez auna “velada” cantada por Ma-ría
Sabina en Huautla de Jiménez y, a invitación
24
suya, ingerí por primera vez los hongos divinos, quedé
pasmado. Fue en el piso bajo de la casa de Cayetano García
y su esposa Guadalupe. La sencilla hospitalidad de nuestros
huéspedes, de sus hijos y parientes, todos vestidos con sus
mejores ropas, el canto de María Sabina y de su hija María
Apolonia, el arte percutivo de María Sabina y su danza en
las tinieblas, en combinación con los mundos distantes que
yo veía con claridad de visión nunca alcanzada por los ojos
a pleno día -tendido mi cuerpo en el petate y respondien-do
a mi tacto como si perteneciera a otro-: todos estos
efectos, compartidos por mi fotógrafo Allan Richardson,
nos sacudieron hasta el meollo de nuestro ser. Mis indaga-ciones
etnomicológicas me habían llevado lejos, pero ja-más
esperé una experiencia extraterrena como aquélla.
He aquí un oficio religioso, me dije entonces y por meses
después, que tiene que ser presentado al mundo de una
manera digna, sin sensacionalismos, sin abaratarlo ni volver-lo
burdo, sino con sobriedad y veracidad.
Sólo mi esposa Valentina Pavlovna y yo podíamos ha-cerle
justicia, en el libro que estábamos escribiendo, y en
revistas serias. Pero en vista de las simas de vulgaridad del
periodismo de nuestro tiempo, era inevitable que cundie-ran
por el mundo entero toda suerte de narraciones envile-cidas.
Lo previmos todo, y así fue, hasta el punto de que
los “federales” tuvieron que emprender una limpia a fondo
en algunos pueblos indios de las tierras altas mesoameri-canas
a fines de la década pasada, para deportar a una tur-ba
de balas perdidas que andaban por allí haciendo de las
suyas.
Mi esposa, y yo llevamos adelante nuestro programa, y
después yo solo, luego que ella murió a fines de 1958. Nues-tro
libro, Mushrooms Russia an History, apareció en mayo
de 1957, a un precio abrumador, se agotó en seguida y
nunca fue reimpreso. Publicamos artículos en Life y Life
en español, en This Week y en varias revistas especializa-das.
Necesitábamos con urgencia ayuda micológica, y de
inmediato nos dirigimos al profesor Roger Heim, en aquel
entonces director del Laboratoire de Cryptogamie del Mu-
séum National d’Histoire Naturelle, de París. Apareció en
el acto el alcance de nuestro descubrimiento. Se entregó
en cuerpo y alma a nuestros planes de trabajo de campo,
viajó varias veces a México y nos acompañó en pueblos
remotos de las montañas del sur de México. Roger Cailleux,
Su capaz asistente, consiguió por fortuna cultivar en el
laboratorio varias especies de los hongos divinos, la mayoría
nuevas para la ciencia. El profesor Heim se los entregó al
doctor Albert Hofmann, de Basilea, descubridor de la LSD,
para el análisis químico. El y sus colegas, los doctores
Arthur Brack y Hans Kobel, lograron aislar los principios
activos, a los cuales llamaron psilocibina y psilocina. El
doctor Aurelio Cerletti inició las investigaciones farmaco-biológicas,
y el profesor Jean Delay, de París, los estudios
psiquiátricos sobre la psilocibina y la psilocina. Fue así
como Valentina Pavlovna y yo tuvimos la suerte de reunir
un equipo de primera que cooperase en nuestra labor, y en
1958 el Muséum publicó un gran volumen espléndidamente
ilustrado, Les champignons hallucinogènes du Mexique, en
cuya portada figuramos Roger Heim y yo, mientras que los
demás contribuyeron con sus respectivos capítulos.
Nos asombró el interés despertado por nuestras activi-dades,
no sólo en la prensa (incluyendo libros cómicos
y tiras cómicas) sino entre los micólogos, uno de los cuales
nos hizo la merced de realizar un viaje relámpago de una
semana a México, donde no había estado nunca, entrevis-tar
a nuestros mismísimos informadores, estar pendiente
angustiosamente de la aparición de las publicaciones de Ro-ger
Heim, y apresurarse a verse impreso con el fin de ganar
una espuria prioridad.
En 1958 grabamos en cinta una velada completa, impre-sionante,
de María Sabina, y un equipo nuestro trabajó
sobre las cintas hasta 1974, cuando por fin publicamos
nuestro Maria Sabina Sings her Mazatec Mushroom Velada.
Los Cowan -Jorge y Florencia- redujeron las cintas a un
texto en mazateco, escrito en los caracteres que los lin-güistas
entienden; tradujeron el texto al español y al in-glés,
y fue publicado en tres columnas paralelas; Jorge agre-gó
un capítulo acerca del lenguaje mazateco; la notación
musical de la velada entera fue preparada bajo la supervi-sión
de Willard Rhodes, etnomusicólogo de renombre,
quien añadió un capítulo sobre música; contribuimos to-ഊdos a las notas, y yo escribí también el prólogo y un índi-ce
analítico; el conjunto iba ilustrado con mapas y foto-grafías
de la misma velada tomadas por Allan Richardson.
Harcourt Brace Jovanovich mostraron su amplitud de mi-ras
y su empeño en la publicación, acompañada de la
música en cassettes y discos. La impresión se debió a los
incomparables Mardersteig de Verona.
Tuve la impresión de que había alcanzado por fin la
meta que nos propusimos en 1955 --tratar como era debido
la velada de María Sabina-~, salvo en un punto esencial.
A María Sabina y a nosotros nos sobraba buena voluntad
mutua, pero para nosotros ella estaba detrás de una barre-ra
lingüística impenetrable, insuperable. Su persona caía
fuera de nuestro alcance. No tuve otro remedio que resig-narme
a este vacío en nuestra presentación al mundo de
aquel soberbio exponente de la antigua religión, por igno-rar
cómo salir adelante.
¡Imagínese, pues, mi sorpresa y mi alegría al conocer
en México en 1975 a Alvaro Estrada, indio mazateco, de
lengua natal mazateca, y al enterarme de que ya estaba re-cogiendo
de labios de María Sabina el relato de su propia
vida! Aquí, en el libro del señor Estrada, esta “sabia” octo-genaria,
ágrafa,’ nos cuenta cómo ha sido su vida, de sus
antepasados y de su dura infancia, de sus dos esposos que
partieron, de cómo conoció los hongos y se le revelaron en
un acontecimiento tan dramático como el de Saulo en el ca-mino
de Damasco, de cómo nosotros, los Wasson, entramos
en su vida, y de todo lo que siguió hasta ahora, cuando al
fin su peregrinar en este mundo se acerca a su término.
El relato que María Sabina ha hecho al señor Estrada y que
éste ha traducido para nosotros es (lo cual no es poca cosa)
exacto, por lo que se me alcanza, en el sentido en que pue-de
considerarse exacta la memoria de cualquier persona
ágrafa. María Sabina pertenece a la prehistoria, a la proto-historia,
casi sin fuentes documentales para verificar su me-moria
sin ayuda. Lo que dice, hasta donde estoy en condi-ciones
de juzgar, es exacto en lo esencial, pero todo está
un poco desgastado por los bordes -es ligeramente inexac-to.
Teniendo en cuenta su avanzada edad y el hecho de ser
ágrafa, me parece un logro notable por cierto. Lo que es
más: de estas páginas se desprende algo inapreciable para
todos nosotros, el retrato de una persona que tuvo una ge-nuina
vocación religiosa y la llevó adelante hasta el fin de
sus días. ¿Quién sabe? Acaso María Sabina no esté mal
situada para volverse la más famosa entre los mexicanos de
su tiempo. Mucho después de que los personajes del México
contemporáneo se hundan en el abismo olvidado del pasa-do
muerto, quizá su nombre y lo que representó persistan
grabados en la mente de los hombres. Lo merece de sobra.
Probablemente no es única, salvo en que, entre los chama-nes
de primera categoría de México, ha permitido hacerse
conocida más allá de los confines de su séquito personal en
tierra mazateca. Quisiera que los pintores y escultores
eminentes de México la buscaran y nos dieran su retrato,
y que los compositores tomasen nota de sus cantos tradicio-nales.
El drama de su estancia en este mundo necesitaba ser
asentado en letra impresa. Al menos esto último lo ha he-cho
admirablemente nuestro amigo Estrada.
En la historia de su vida, María Sabina no tiene una pala-bra
que decir acerca de la fuente de sus versos, de sus can-tos.
Para nosotros los del mundo moderno, preguntas así
se imponen. Para ella no existen. Cuando se le pregunta al
respecto, su respuesta es sencilla: las cositas (honguitos sa-grados)
le dicen qué decir, cómo cantar.
El abuelo, el bisabuelo de María Sabina fueron nota-
bles chamanes, también su tía y tío abuelos. Recientemen-
te, repasando mi colección de trasparencias tomadas duran-te
las muchas veladas a las que he asistido, me llamó la aten-ción
la omnipresencia de niños de toda edad, rodeándola
con reverencia y adoración. Se van a dormir, se duermen
con sus cantos resonando en los oídos. María Apolonia can-ta
su parte en la velada de 1958 con un niño en el rebozo,
estrechado contra el cuerpo de su madre: a más de oírla,
la criatura, desde el principio, siente a su madre cantar.
No hay duda acerca de dónde aprendió la sabia sus cantos,
sin esfuerzo. Desde la infancia, sus melodías y versos son
la trama y la urdimbre de su ser.
En 1955, después de asistir a dos veladas (mis primeras
dos) con María Sabina, mi programa me condujo a la sierra
costera, a San Agustín Loxicha, al sur de Miahuatlán, en
compañía del ingeniero Roberto Weitlaner. Allí pasamos
algunos días con Aristeo Matías, sabio de primera catego-ría,
y el martes 2 1 de julio asistimos a una velada que presi-dió.
Cantaba quedo, pero me pareció inconfundible que los
cantos eran los mismo de María Sabina. Cantaba en zapote-co,
lingüísticamente ajeno al mazateco, tan lejos de éste
como dos lenguajes pueden estarlo, pero ambas culturas
son del área mesoamericana. Registré en mi diario lo que
me pareció una semejanza musical y divulgué esta impre-sión
mía en Mushrooms Russia and History.
Pero esto no es todo. En 1967 el licenciado Alfredo Ló-pez
Austin, distinguido nahuatlato, publicó en Historia
Mexicana (vol. XVII, núm. 1, julio-septiembre) sus “Tér-minos
del nahuallatolli”, donde presentó a sus lectores una
lista de los términos reunidos por Hernando Ruiz de Alar-cón
en 1629 en su Tratado de las supersticiones de los na-turales
de esta Nueva España. Cuál no sería mi sorpresa
al descubrir en este Tratado, que se ocupa de la cultura ná-huatl,
notables correspondencias con las veladas de María
Sabina, según el texto de fa velada que dí a la luz en 1974.
He aquí algunos de los paralelismos:
1) Tanto María Sabina como el sabio náhuatl hacen una
detenida autopresentación (por usar la palabra de López
Austin), que en el caso de María Sabina comienza con pro-fesiones
de humildad y asciende a asertos de poder y aun
de capacidad de hablar con seres sobrenaturales casi en
términos de igualdad.
2) Ruiz de Alarcón señala cómo el sabio náhuatl insiste
en el amoxtli, “libro”, como procedimiento para llegar al
conocimiento secreto que usa. María Sabina emplea la pa-labra
española “libro”, para el cual no hay hoy palabra en
mazateco. Cuenta mucho en su mundo místico. Los amox-tli
de Ruiz de Alarcón son los códices pintados a mano de
los nahuas, que eran vistos con inmensa reverencia en el
momento de la conquista. Como ha señalado Henry Munn,
la Biblia y otros libros litúrgicos de la iglesia parroquial de
Huautla han remplazado a los códices de otro tiempo como
foco de adoración, pero en la mente de María Sabina se
ha generado un “libro” místico que le pertenece específi-camente
y que puede proceder de los amoxtli de tiempos
anteriores ala conquista.
3) Por partida doble se refiere María Sabina con admira-ción
a un Joven, vigoroso, atlético, viril, una especie de
Apolo mesoamericano, pero llamándolo Jesucristo ( ¡asom-brosa
confluencia de ideas!). Su colega náhuatl, más de tres
siglos antes, introducía una divinidad parecida en su cantar,
pero nos enteramos de que esta divinidad era Piltzintecuh-tli,
el Nobilísimo Infante quien, como el doctor Alfonso
Caso nos informa en su ensayo“Representaciones de hongos
en los códices” (Estudios de núhuatl, vol. IV), está recibien-do
de manos de Quetzalcóatl el don de los divinos hongosഊ26
en el Códice vindobonense, especialmente importante
para nosotros por dar el origen mítico de los hongos mila-grosos.
En la conciencia de María Sabina, y probablemente
de otros sabios florecientes hoy, hay una síntesis completa
de las religiones cristiana y anteriores ala conquista.
Si en las palabras de María Sabina descubrimos rasgos
que Ruiz de Alarcón recogió en los textos nahuas de su
tiempo, hace más de tres siglos, rasgos que para entonces
ya deben de haber sido translingüísticos en Mesoamérica,
los cantos que nuestras cintas nos ofrecen en mazateco y
que también escuchamos
2
en el zapoteco de San Austín
Loxicha deben de haber sido tradicionales ya entonces,
legado de tiempos muy anteriores a la Conquista. ¿Cuán
anteriores? Para este cálculo tenemos tres points de repère
para triangular hacia el pasado remoto, dos contemporá-neos
de nosotros pero distantes en el espacio -San Agustín
Loxicha y Huautlaa, el tercero distante de ellos en el
espacio y el tiempo -la cultura náhuatl de principios de
del siglo XVII. Debemos tener presente qué despacio, al
ritmo de un caracol, evolucionaron las culturas en la proto
y la prehistoria, antes de ser perfeccionado el arte de la
escritura. Debemos recordar cuán antiguo debe de ser el
culto de los hongos adivinatorios de Mesoamérica: la habi-lidad
de los indios como yerberos no era novedad cuando
Cortés cayó sobre ellos. Conocían empíricamente las pro-piedades
de todas las plantas que había a su alcance, con
una precisión que nos pone en vergüenza. El hombre anti-guo
dependía de tal conocimiento para sobrevivir. Por lo
que toca a Siberia, donde entre las tribus más remotas
las veladas con hongos sobrevivieron hasta nuestros días,
hay dos parecidos notables en puntos específicos del culto
de los hongos: 1) en ambos casos el hongo “habla” por
boca del sabio, que sólo sirve de vehículo para la voz del
hongo; 2) los hongos son visualizados como pequeños se-res,
varones, hembras o de unos y otros, del tamaño de
hongos, “duendes”, “payasos”, dados a toda suerte de
tretas gratas y traviesas -tricksters, en el vocabulario de los
antropólogos. De fijo el culto mesoamericano se remonta
en parentesco genético directo a Siberia, a la migración
a través del estrecho de Bering o por el puente terrestre de
la última época glacial.
María Sabina siempre ha estado en buenos términos con
la Iglesia. Si bien ella no sabe su propia edad, gracias a la
diligencia del señor Estrada nos enteramos de que, según los
registros parroquiales de Huautla, nació el 17 de marzo de
1894 y fue bautizada como María Sabina ocho días des-pués.
3
Parece ser que, hasta donde se recuerda hoy por hoy,
no ha habido conflicto entre la Iglesia y las prácticas habi-tuales
de los curanderos nativos. El padre Alfonso Aragón,
que se encargó cerca de veinte años de la parroquia hasta
1960, y que dio un vigoroso impulso a la Iglesia en Huau-tla,
mantuvo siempre cierto contacto con los sabios de su
parroquia. En una entrevista con Estrada, el padre Antonio
Reyes le dijo en 1970, hablando de su parroquia de Huau-tla:
La Iglesia no está en contra de estos ritos paganos, si así
puede llamárseles. . . No hay mucho de eso, la propia Ma-ría
Sabina es miembro de la Asociación del Apostolado de
la Oración y viene a misa el primer viernes de cada mes. . .
Es una persona humilde, por lo que me consta, y a nadie
le hace daño. . . Los sabios y curanderos no hacen compe-tencia
con nuestra religión, ni siquiera los hechiceros. TO-dos
ellos son muy religiosos y vienen a misa. Ellos no
hacen labor de proselitismo, por tanto, no son considera-dos
herejes y es remoto que se la lance anatemas, ¡huy!,
ni en el pensamiento.
¡Cuánto hemos progresado desde los días de Motoli-nía
y el Santo Oficio de la Inquisición de principios del si-glo
XVII!
Hay interesantes vislumbres en el libro que Alvaro Es-trada
nos ha dado. Tómese por ejemplo el capítulo XV. Re-lata
en detalle cómo María Sabina y un tal Apolonio Te-rán,
hace unos treinta anos, se ocuparon en la organización
de la hermandad del Sagrado Corazón de Jesús, por un lado,
y de la primera mayordomía, por otro. Eran sabios ambos,
y cada uno estaba al tanto de la vocación del otro. Pero ella
destaca que mientras trabajaban juntos no hablaban de sus
“sabidurías”, ni aun entre ellos. Sólo hablaban de cosas de
las hermandades y las mayordomías. “Los sabios no deben
andar propagando lo que son, porque es asunto delicado.”
Aquí tenemos en sus propias palabras, pues, el obstáculo
que hace más de veinte años tuve que vencer cuando yo,
un forastero rubio, un extraño, irrumpí en aquel círculo
secreto. Aunque ella dice que obedece a la Iglesia y a las
autoridades municipales, y afirma que cuando acogió fa-vorablemente
mi solicitud sencillamente satisfizo los de-seos
del síndico municipal Cayetano García, yo no dejo de
dudar. Añade que hasta me habría concedido una velada sin
el patrocinio de las autoridades. De no ser por Cayetano
yo nunca la hubiera conocido, y, de haberla encontrado
por rara casualidad, ¿de veras me habría hecho una velada?
Esto, sin duda, es discutible.
“Es cierto -dice- que antes de Wasson nadie hablaba
con tanta soltura acerca de las cositas. Ningún mazateco
revelaba lo que sabía de este asunto. . . Los honguitos son
la sangre de Cristo. Cuando los mazatecos hablamos de los
honguitos, lo hacemos en voz baja, y para no pronunciar
el nombre que tiene en mazateco (n di si tjo) los llamamos
cositas o santitos. Así los llamaban nuestros antepasados”
(cap. XVI).
Es extraordinario el relato de su vida que nos hace Ma-ría
Sabina, con el señor Estrada como mayeuta. En 1971
Irmgard Meitlaner Johnson y yo volvimos a visitar Huau-tla.
Teníamos noticia de lo ocurrido desde mi última visi-ta
en 1962 y temíamos que el tumulto del gran mundo hu-biese
cambiado radicalmente a María Sabina. Quedamos
atónitos al ver que, contra lo que esperábamos, María
Sabina seguía igual. Esto lo confirma de sobra el libro que
ahora presentamos al público. No se vanagloria. El gober-nador
de Oaxaca le ha regalado dos colchones para la pri-mera
cama que ha tenido en su vida. Ha visitado a los “se-res
principales” de las ciudades de Oaxaca y de México, y a
su vez los grandes del mundo la han ido a buscar a su hu-milde
choza, alta en el paso de Huatla a San Miguel. La ha
visitado un obispo, no hay la menor razón de dudarlo. Que-ría
probar los hongos, pero no era temporada de hongos. Le
pidió que enseñase su sabiduría a la generación menor de
sus descendientes, y su réplica de ágrafa fue memorable:
Le dije que se puede heredar el color de la piel o de los
ojos, incluso la manera de llorar o de sonreír. Pero con la
sabiduría no puede hacerse lo mismo. La sabiduría se trae
consigo de nacimiento. Mi sabiduría no puede enseñarse.
Es por eso que digo que mi lenguaje nadie me lo enseño,
porque es el lenguaje que los honguitos dicen al entrar a mi
cuerpo. Quien no nace para ser Sabio, no puede alcanzar
el Lenguaje aunque haga muchas veladas. (P. . . )
Ni una vez me reprocha María Sabina haber dado a cono-cer
al mundo los hongos y los dones de ella como mi-nistrante.
Pero no sin angustia leo sus palabras:
Antes de Wasson yo sentía que los hongos santos me ele-vaban.
Ya no lo siento así. . . Si Cayetano no hubiera traí-ഊdo a los extranjeros, los honguitos conservarían su poder. . .
Desde el momento en que llegaron los extranjeros. . . los
honguitos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza. Fueron
profanados. De ahora en adelante los honguitos ya no ser
viran. No tiene remedio.
Estas palabras me estremecen: yo, Gordon Wasson, soy
hecho responsable del fin de una práctica religiosa en Meso-américa
que se remonta a milenios atrás. “Los honguitos
ya no servirán. No tiene remedio.” Me temo que dice la
verdad, ejemplificando su sabiduría. Una práctica reali-zada
en secreto durante siglos ha sido sacada a la luz, y la
luz anuncia el final.
Cuando mi primera velada con María Sabina en 1955,
tuve que optar: ocultar mi experiencia o decidirme a pre-sentarla
dignamente al mundo. No dudé un momento.
Los hongos sagrados y el sentimiento religioso concentra-do
en ellos por las sierras del México meridional tenían
que ser dados a conocer al mundo, y como era debido, sin
importar lo que me costara. De no hacerlo así, la “consulta’
al hongo” duraría unos años más, pero su extinción era y
es inevitable. El mundo sabría vagamente que había exis-tido
tal cosa, pero no la importancia de su papel. Por otro
lado, dignamente presentada, perduraría su prestigio y el
de María Sabina. Alvaro Estrada ha puesto el capítulo final
a mi esfuerzo concentrado, y se lo agradezco, así como a
María Sabina su cooperación.
1 El lector debe advertir que María Sabina es ágrafa, no analfabe-fa.
Los poetas que compusieron la Iliada y la Odisea, los himnos
védicos y el canto de Débora eran todos ágrafos. El mundo entero
lo era por entonces, y regiones inmensas siguen siéndolo. María
Sabina nunca encontró la palabra escrita en la sociedad en que cre-ció.
“Analfabeto”, con su matiz denigrante, quedaría mejor para
quienes, en un mundo invadido por la escritura, no se han propues-to
aprender a leer y escribir.
2 Estoy convencido de que los cantos eran musicalmente idénticos,
pero como no los grabé y en consecuencia no puedo probarlo, se-ñalo
que tal grabación está por hacer.
3 Su madre siempre la llamó “Bi”, y “Sabi” su primer marido, con-firmando
así el nombre que consta en el registro de la parroquia y
echando por tierra la leyenda de que adoptó el nombre de “Sabina”
cuando llegó a “sabia”.
4 Este nombre en mazateco es evidentemente, a su vez, un eufe-mismo
en lugar de una palabra aún anterior, perdida hoy. Signi-fica
simplemente “los queriditos que llegan saltando”.
Prólogo del libro de Alvaro Estrada María Sabina, la sabia
Danbury, Connecticut, 1 de diciembre de 1976 de los hongos, que editará próximamente Siglo XXI.
27
MARZO DE 2006

El estado en busca del ciudadano. Un ensayo sobre el proceso político mexicano contemporáneo, de Lorenzo Meyer

por Francisco Payró

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Ni qué dudar que la incer-tidumbre es el signo más evidente en la actual coyuntura política mexicana, con miras a la consolidación de su endeble sistema democrático. A la posibilidad de una profundización en los cambios institucionales que den pie a la existencia de una ciudadanía plena, se oponen los vientos del retorno a un finisecular sistema antidemocrático y retrógrado. En el centro de la batalla que libran, de cara a la elección presidencial de 2006, las posiciones de centro-derecha y centro-izquierda que en su conjunto representan los tres más grandes partidos políticos en el país, ningún otro tema significa tan ostensiblemente el carácter que habrá de adoptar la incipiente democracia mexicana como el del papel del ciu-dadano en la construcción de un nuevo orden institucional y político.

Entender el papel de la ciudadanía política frente al Estado, a la luz de las transformaciones que éste experimentó desde finales del siglo XIX y a todo lo largo del siglo XX, ha sido en América Latina una constante que encuentra en el rompimiento con el orden colonial los orígenes de una noción tan esencial como polémica en el decurso de su historia. Lorenzo Meyer no parece preocuparse en El Estado en busca del ciudadano, su más reciente libro, por la polaridad que existe entre el republicanismo clásico –y su concepción del ciudadano que justifica su pertenencia en cuanto colabora con el espíritu del bienestar comunitario– y la postural liberal –el individuo como medida irreductible de los acontecimientos sociales– a la hora de elaborar una lectura del momento actual que vive la frágil democracia mexicana. Para Meyer se trata de entender que en México hace falta construir, bajo esa difusa noción de la Sociedad Civil que abordaron desde Locke hasta Tocqueville, pasando por Montesquieu y Rousseau, un “espacio para que esos átomos que son los individuos desarraigados de sus viejas estructuras comunales puedan encontrar nuevas formas de unión, comunidades de interés a las cuales asirse para no naufragar en el mar de la anomia.”

Sin ser una obra que aborde en su totalidad el amplísimo espectro de una ciudadanía que supera por mucho el ámbito de lo electoral, si bien El Estado... es un libro que no indaga exhaustivamente sobre la naturaleza de las exclusiones sociales en México –la no incorporación de las opiniones provenientes de sectores sociales marginados, de las mujeres en cuanto dependientes, de los analfabetas y los indígenas– y tampoco se aproxima con detenimiento a las formas de representación política no basadas en prácticas electorales o partidistas, la obra en su conjunto es un recuento certero de la real politik mexicana en los años que han precedido y sucedido a la alternancia presidencial en el país. El acercamiento de Meyer a las implicaciones de la representatividad ciudadana en el actual proceso político mexicano es, en ese sentido, si no un análisis puntual de la compleja configuración que ha adquirido en las últimas décadas la participación de amplias capas de la estructura social, sí una afortunada visión crítica de los límites a la universalización de la ciudadanía en un escenario político incierto.

El riesgo de una “semidemocracia” mexicana –afirma Meyer– es eviden-te ante la existencia de una franja considerable de la población nacional que es aún aquiescente con la inmovilidad política; es probable debi-do a la conformación de esas verdaderas oligarquías en que han llegado a convertirse los partidos políticos, y no es del todo lejano como consecuencia de un gobierno foxista que no ha sabido hallar la forma de arrinconar de una vez por todas las posibilidades del retorno inmediato del PRI, con todo y su boato antidemocrático, a la Presidencia de la República. El ejercicio de análisis político que en la obra se despliega en torno a la práctica de una democracia constituida –lo que puede entenderse como tal, conforme a la concepción que de ella se adopte– es, en suma y de manera compacta, una historia para México de los obstáculos a la participación cívica, de los cacicazgos, de los sufragantes coaccionados, de la compra de votos y de los fraudes en la larga tradición autoritaria surgida en el período posrevolucionario y muy lejos de ser concluida con la alternancia política del año 2000.

De cara al futuro inmediato, es claro que esa construcción del edificio democrático al que es deseable llegar de manera impostergable en el país supone la consolidación de mecanismos de movilización, de pedagogía ciudadana y de formación de la opinión pública; supone el respeto al principio de autono-mía que subyace en todo sistema político en el que los poderes coercitivos son reducidos a su mínima expresión e implica, también, la delimitación de las “fronteras de la libertad” por las que es posible concebir con precisión la clase de Estado democrático al cual se aspira.
Si en medio de esa incertidumbre posmoderna a la que alude Meyer como el signo más notable del actual momento histórico que viven casi todas las democracias del mundo, en México se arriba a ese “imperio de la ley” en el que la balanza del Estado se incline hacia los ciudadanos, habrá empezado a abordarse lo que la tradición democrática liberal no ha planteado suficientemente: la necesaria conciliación entre las exigencias de una sociedad dispuesta al cambio y las instituciones estatales que se escudan en un inconcebible poder discrecional. Si mucho de ello ocurre a partir de las elecciones de 2006 los mexicanos habremos avistado con probabilidad algún camino cierto hacia un orden genuinamente democrático; si mucho de ello se concreta, los ciudadanos habremos empezado a salir al encuentro de ese Estado que, por mucho tiempo, hemos buscado.

viernes, 1 de febrero de 2008

Huelga

Quiero una huelga donde vayamos todos.

una huelga de brazos, de piernas, de cabellos,

una huelga naciendo en cada cuerpo.

Quiero una huelga

de obreros

de palomas

de choferes

de flores

de técnicos

de niños

de médicos

de mujeres.

Quiero una huelga grande,

que hasta el amor alcance.

Una huelga donde todo se detenga,

el reloj

las fábricas

el plantel

los colegios

el bus

los hospitales

la carretera

los puertos.

Una huelga de ojos, de manos y de besos.

Una huelga donde respirar no sea permitido,

una huelga donde nazca el silencio

para oír los pasos

del tirano que se marcha.

* Gioconda Belli (Managua, Nicaragua 1948 - ) Activista del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Vivió exiliada en México y Costa Rica. Actualmente reside en Estados Unidos.

Sus principales obras son: Sobre la grama (1974), Línea de fuego (1978) y del cual obtuvo el premio Casa de las Américas, Truenos y arco iris (1982), De la costilla de Eva (1987), Amor insurrecto (1987), La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1991) y Waslala (1997).
La mujer, el erotismo y la lucha político-social están permanentemente inmersos en su obra.

*Racibido de Movimiento al Socialismo
www.movimientoalsocialismo.com.mx

jueves, 31 de enero de 2008

ABRIL DE 2001

Marcos, invitación al debate

por Enrique Krauze

En esta conversación radiofónica del 15 de marzo, Enrique Krauze hace un balance de lo que representa la irrupción del ezln en este momento crucial del país: las aportaciones positivas de la ley de la Cocopa, la necesidad de legislar con toda responsabilidad, la inconveniencia de soslayar el mestizaje, las peligrosas tentaciones redencionistas...

José Gutiérrez Vivó: ¿Qué nos dices del contexto de la visita de los zapatistas a la capital del país?
Enrique Krauze: Padecemos una atmósfera de maniqueísmo, tal parece que sólo hay lugar para los que están a favor y los que están en contra. Pero la vida no es ni blanca ni negra, sino de todas las tonalidades del gris. Se trata de un problema muy complejo, que tiene aspectos positivos, desde el punto de vista histórico y político, y también aspectos negativos, discutibles. Es necesario equilibrar y ponderar esas luces y sombras.

JGV: Dentro de ese claroscuro, ¿cuáles son para ti los aspectos positivos y cuáles los negativos?
EK: Como muchos mexicanos, estoy de acuerdo con la legitimidad de la causa zapatista, reconozco la existencia de un agravio histórico real. No estoy de acuerdo con sus medios, pero sí con sus fines: la justicia, la democracia, la dignidad.
Por otro lado, es muy positivo el servicio político de los zapatistas al hacernos más conscientes del problema indígena, en particular el de Chiapas, así como su contribución al empujón final contra el antiguo sistema político mexicano. También hay que mencionar la importancia de que hayan salido de Chiapas, de que hayan dejado las armas, así sea provisionalmente. Tengo una muy buena opinión sobre el hecho de que estén en el D.F:, de que hayan marchado, de que se expresen. No hay que olvidar que la libertad de expresión es la cardinal de todas las libertades. La democracia no sólo es cuestión de votos, también lo es de libertad de expresión.
Las minorías tienen el derecho de expresarse y tienen también el deber de escuchar las opiniones disidentes, hacia afuera y hacia adentro. La máxima difusión a la expresión de los agravios y de las propuestas de los zapatistas, y en general de los indígenas mexicanos, me parece de la mayor importancia: una prueba de fuego para la democracia mexicana. De llegar, un acuerdo tendría una gran fuerza simbólica; alcanzaríamos eso que Octavio Paz llamó "la reconciliación final con nuestros orígenes".
Tengo de los zapatistas, en suma, una opinión muy positiva, tanto histórica como en términos de su potencial ayuda a la democracia mexicana y aun a la causa de los indígenas. No son incompatibles ninguno de esos tres elementos.
Entre los aspectos negativos está su insistencia en que la deuda histórica con los indígenas es casi impagable. Creo que es muy grande, sin duda, pero hay que matizar, porque si se compara con la de cualquier otro país que haya tenido población indígena, la calificación de México es la más alta. En Perú viven dos sociedades enfrentadas, los indígenas en las montañas, los blancos en la costa. Argentina y Chile exterminaron a sus indígenas casi en su totalidad. Los Estados Unidos hicieron lo mismo, y también organizaron esa especie de vergonzoso apartheid que son las reservaciones. En México eso no pasó. El aporte fundamental —histórico, social— de México es el mestizaje. Así, cuando se quiere dividir a los que tienen el color de la tierra y los que no lo tienen, me parece que se está incurriendo en una actitud racista. El problema de México no es en mi opinión de carácter étnico; se trata de un problema social.

JGV: A veces los mexicanos nos encerramos en nuestros problemas y pensamos que todo lo malo pasa sólo aquí. Los actuales indígenas de África, por señalar un ejemplo, son originarios de África, y hay que ver cómo les fue: los invadieron, los explotaron, los mataron y ahí siguen, en un continente no viable...
EK: En la ideología del neozapatismo hay elementos que no son sostenibles. México no es un país que haya exterminado a su población indígena. La palabra mestizo no se utiliza en el habla común porque en México la gran mayoría es mestiza. En cambio, en Perú, las palabras de connotación étnica son palabras cotidianas, lo que delata el odio entre las razas. Esto no es privativo de México, pero sí lo es de Chiapas. Hace veinte años se oía aquella frase famosa de "Todo Chiapas es México". Hay que decir, más bien, que muy poco de Chiapas se parecía a México y que, en cambio, Chiapas se parece mucho a Perú.
Por otro lado, es vergonzoso y hasta risible que los europeos nos vengan a dar clases de liberalismo racial en México. Deberían primero estudiar su propia historia; en ella encontrarían que en sus propios países, por motivos racistas, no se discriminó sino que se asesinó a millones de personas. Las guerras de índole racial han sido la peste del siglo XX. Es innegable que en México tenemos enclaves, actitudes y palabras racistas; sin embargo, es falso que México tenga, como su mayor prioridad nacional, que resolver su conflicto étnico. No puede ser que los mexicanos no nos demos cuenta de que aquí ocurrió el mayor experimento de integración cultural y étnica de la historia americana: el mestizaje mexicano.

JGV: La figura Marcos... ¿Cuál es tu interpretación del personaje?
EK: De nuevo volvemos a los claroscuros. Por un lado, creo que es un personaje notable. Si lo comparamos con los guerrilleros centroamericanos, ya no se diga con los senderistas, se trata de un hombre genuino, inteligente, apasionado, valeroso, talentoso. Lo veo como el hermano menor de los veteranos del 68, mucho más radical que nosotros en los años setenta. He estudiado recientemente la clave de la trayectoria ideológica de Marcos, y creo que quien nos ayuda más a explicar de dónde proviene su actitud es un pensador peruano llamado José Carlos Mariátegui, el primero que ligó a la revolución socialista con el indigenismo. No es casual que Mariátegui haya sido peruano. Por su ideario, Marcos es hijo de un pensador peruano.
Por otro lado, creo que Marcos corre el riesgo del mesianismo. En la entrevista con Julio Scherer, Marcos lo confirma: "Estamos caminando en el filo del mesianismo y del realismo político". Marcos a veces habla como un iluminado o un revolucionario que busca encender al país. Su actitud proviene de dos orígenes mesiánicos: la mentalidad indígena, siempre en busca del guía, del que la va a redimir, y el marxismo. En la misma entrevista dice el Subcomandante: "Esto va a estallar si no hay salidas políticas reales". Esta frase no es de un líder político, sino de un líder revolucionario. Si no existen las salidas políticas reales, ¿entonces qué fue el 2 de julio? Abunda Marcos: "En el caso de los grupos indígenas, puede tenderse al fundamentalismo, y ahí no hay diálogo que valga". Marcos mismo acepta el elemento fundamentalista y mesiánico en el zapatismo. Cuando las ideas bajan a las entrañas del alma y llegan a lo visceral se vuelven creencias fundamentalistas, algo muy peligroso. Marcos ha contribuido a esta delicada situación. Él tiene la solución en la mano, que está en irse justo por el otro lado, por el de la política, no por el de la redención. Debe admitir que México cambió a partir del 2 de julio, que es un país democrático, en donde caben los líderes políticos, pero no el mesianismo, no el redentorismo, no el fundamentalismo.

JGV: ¿Por qué razón, si México cambió el 2 de julio, Marcos toma esa posición adversa a Fox?
EK: El gran cambio histórico de México, un cambio que teníamos noventa años de esperar, es la democracia, no la redención. La redención no es de este mundo, entendiendo por redención el cambio absoluto y total del orden, la justicia, la igualdad y la libertad. Esto es lo que todos los revolucionarios proféticos y mesiánicos de la historia han querido. Sin embargo, sus utopías se han convertido en las peores pesadillas y en las peores dictaduras del siglo XX. A los humanos nos es dado buscar un mejoramiento tangible de las condiciones de vida en lo jurídico, en lo económico, en lo social, en lo político, un mejoramiento fragmentario y paulatino.
México es un país con desigualdades...

México es un país con desigualdades terribles, con una pobreza impresionante y con una zona de pobreza dentro de la pobreza aún más desgarradora: la de los indígenas. Esto no faculta ni legitima a Marcos, por más carismático que sea, para arrogarse la representatividad de esa zona de la pobreza mexicana. La representatividad en la democracia se mide una por una, es la suma de las conciencias reflejadas en los votos. El gran cambio se dio el 2 de julio. México cambió. Tenemos a un presidente emanado de una elección ejemplar, y tenemos un Congreso legítimo. Es a este Congreso al que Marcos tendrá que convencer.

JGV: ¿No se le está cargando a Fox la culpa de los noventa años pasados?
EK: Creo que cuando Marcos critica al viejo modelo no se está refiriendo al PRI sino al modelo económico. Lo que dicen es: "El modelo económico mundial está mal, tenemos que cambiarlo, volvamos a México la capital mundial de la lucha contra ese modelo económico". Aunque no soy economista, creo que el neoliberalismo tiene muchos defectos, que tiene zonas de desamparo real hacia la población más necesitada, pero también que el modelo alternativo, hasta ahora, no existe, y que hay que ir afinando el actual. El zapatismo no propone nada alternativo en este renglón; su discurso es puramente negativo, de censura, sólo dice "Todo esto está mal, tenemos que postular algo nuevo". Es momento de preguntarle exactamente qué propone y cómo. En la entrevista con Scherer, Marcos hace una sola referencia a un hotel administrado por indígenas. Es la única referencia concreta que yo le conozco acerca de la vida económica desde que lo leo.
De lo que se trata es de un acto de reivindicación moral y de justicia con los indígenas, pero también de que mejoren lo más rápido posible sus condiciones económicas y sociales. Para alcanzar esto no se ha inventado otro procedimiento que el de la inversión privada y/o pública: escuelas, hospitales, carreteras, clínicas, trabajos. Pero si todo esto lo sataniza el zapatismo, habría que preguntarles: exactamente ¿qué es lo que proponen en materia económica? Lo que ocurre es que tienen muy pocas ideas concretas que proponer. Eso sí, tienen un gran mensaje carismático y redentor, un mensaje de justicia. Es muy importante llegar a la reconciliación con nuestros orígenes, pero no por la vía del discurso redentorista abstracto, sino por la de los puntos de mejoría concreta. Las madres indígenas quieren una mejoría práctica para sus hijos, de eso estoy absolutamente seguro. No sólo de pan vive el hombre, pero sin pan no vive.
JGV: Escuchamos muchas voces que dicen: hay que aprobar la Ley de la Cocopa. Otros dicen, ¿por qué en vez de hablar en términos generales de la Ley de la Cocopa no nos ponemos a averiguar qué significa? ¿Cuál es tu punto de vista sobre esta ley?
EK: Luego de leer con cuidado la iniciativa encuentro muchos artículos muy positivos, que me entusiasman por su claridad. Se habla, por ejemplo, de promover un desarrollo equitativo y sustentable, de la educación bilingüe e intercultural, de programas educativos de contenido regional que reconozcan la herencia cultural indígena, del derecho a ser asistidos por intérpretes y defensores en los juicios, del desarrollo integral, que deberá ser diseñado y operado conjuntamente por las comunidades indígenas. Estos cambios al artículo 40 de la Constitución me parecen magníficos. Los indígenas tienen el derecho, más aún: el deber, de intervenir en la modalidad del desarrollo que ellos decidan. Yo aprobaría, sin cambiarles una coma, los aspectos sociales, culturales, educativos y de desarrollo de esta propuesta. Ahora bien, existen zonas que me preocupan, básicamente en la esfera política. Se habla en la iniciativa de acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales, salvo a aquellos terrenos y recursos naturales cuyo dominio directo corresponda a la nación. Este reclamo, que apela a los derechos históricos sobre un territorio y unos recursos, me recuerda el problema palestino-judío, en el que los israelíes reclaman los territorios de Judea y Samaria porque en la Biblia ellos aparecen como sus habitantes originarios. Eso ocurrió hace tres mil años; el problema es que desde hace mil años existen allí poblaciones que no son judías. Reclamar derechos históricos sobre territorios implica un riesgo muy profundo. Existe el gran peligro de que estas delicadas cuestiones vayan a legislarse al vapor, con el objeto de quitarse de encima la presión. Los legisladores de este Congreso tienen que legislar con gran responsabilidad. No pueden quedar asentados conceptos que sean vagos y que nos vayan a colocar en una pendiente mucho más conflictiva. Pero más importante que el problema de la autonomía y el dominio sobre los recursos naturales es el problema de cómo se decidirán sus formas internas de convivencia y organización política. En principio, uno está de acuerdo con que las comunidades puedan arreglar sus asuntos por consenso, pero ¿qué ocurre con los que son diferentes hacia dentro de esas comunidades, con los mestizos, con las minorías de indígenas que étnicamente no pertenecen a la mayoría de esa comunidad? Marcos le dijo a Carlos Monsiváis, en una entrevista, que "algunos usos y costumbres no sirven a las comunidades indígenas, por ejemplo, la compraventa de mujeres, el alcoholismo, la segregación de las mujeres y jóvenes en las tomas de decisiones colectivas".

JGV: Entrevisté recientemente a 16 jefes de pueblos indígenas. Ellos me hablaron del caso de las mujeres, porque les parece que es algo que se ha venido soslayando en esta discusión. Las mujeres están en una situación de mucha desventaja dentro de las propias comunidades indígenas.
EK: El capítulo 30 del artículo 40 de la Ley de la Cocopa dice que "se debe garantizar la participación de las mujeres en condiciones de equidad". ¿Por qué de equidad y no de igualdad?

JGV: Claro, porque yo te puedo dar lo justo según lo que me parezca, pero la igualdad es algo evidente para todos.
EK: Si los zapatistas están pidiendo que se les reconozca a los indígenas su carácter de minoría, casi como un axioma moral, habría que decirles: si ustedes, con razón, pretenden el respeto como minoría, tienen el deber de respetar a sus propias minorías dentro de sus comunidades. Lo que de hecho ocurre es que a los diferentes los expulsan, o los discriminan.
La Ley de la Cocopa tiene aspectos educativos, culturales, sociales y de desarrollo económico legítimos. El reconocimiento a la diferencia, el respeto a la herencia cultural y a la presencia histórica de los indígenas mexicanos es algo que en efecto les debemos a los zapatistas. Es muy importante que el Congreso legisle sobre esto. Pero no dejan de preocuparme los aspectos autonómicos de esta ley. Preveo riesgos de conflictos y violencia en varios lugares de México si esto se aprueba tal cual, si no se afina con toda claridad el sentido de esta ley. Pero insisto, lo más importante tiene que ver con la convivencia dentro de las mismas comunidades. Si los usos y costumbres no sirven a las comunidades, como el propio Marcos reconoció, ¿entonces por qué quiere que se apruebe sin cambios la Ley de la Cocopa?

JGV: En España hay autonomías —la vasca, la catalana, la gallega. ¿Es comparable la situación española a la mexicana?
EK: En España las autonomías políticas son mucho más viables, ya que coinciden con los estados. La solución, en México, sería tratar de hacer coincidir el mapa municipal con el de las comunidades indígenas. Esto es una realidad en Oaxaca. Creo entonces que se puede hacer un gran trabajo, que va a llevar tiempo, ya que en cada estado la situación es distinta. México es muchos Méxicos. Si ha funcionado en Oaxaca a lo mejor puede funcionar en la sierra de Puebla, o en zonas de Veracruz y de Chiapas, pero no necesariamente en otros lugares. Hay que ver cómo se puede ir haciendo coincidir el mapa federal y el mapa municipal con el de las autonomías indígenas, con el mapa autonómico; se trata de miles de colectividades.

JGV: Hay mensajes muy claros. El primero: Marcos indiscutiblemente tiene puntos muy positivos, admirables, pero también hay que leer detenidamente sus declaraciones, hay muchos puntos finos que debemos tener muy claros. En segundo lugar, la lectura de la Ley de la Cocopa. Si queremos participar debemos de leer con detalle la iniciativa. Por último, debemos tener cuidado con la vaguedad de ciertas palabras, palabras que a la hora de la praxis puedan...
EK: ... conducir a problemas enormes.

JGV: Y tenemos entonces otra matazón.
EK: O un enfrentamiento de pueblos, o luchas encarnizadas dentro de la propia comunidad. Un ejemplo, ¿quién va a mediar si se da un conflicto de usos y costumbres en una misma comunidad? ¿Quién va a decidir cuáles son los correctos?
JGV: Y quién lo hará para la guerra, y quién para el conflicto.
EK: Esta es una gran prueba para la imaginación jurídica en el Congreso de México. Los diputados y senadores deben echar a andar la imaginación jurídica, la imaginación legal.
Estamos viendo un espectáculo formidable. Por un lado está el presidente, un presidente que llegó con credenciales democráticas, y por el otro está el Poder Legislativo. Ya no dependemos de la voluntad presidencial, es la hora del Congreso. Fox ya envió la iniciativa, tiene que defenderla y decir qué piensa de los puntos conflictivos a los que me he referido.
Están ya dados los elementos para un debate de ideas. Marcos, en la entrevista con Scherer, dijo: "Nos hace falta el debate de ideas, no somos nosotros los que lo hemos evitado". Sí han evitado el debate de ideas, ya que Marcos siempre se reúne con personas, muy respetables muchas de ellas, afines a sus ideas. Yo no estoy invitándome, pero es importante que los zapatistas también escuchen opiniones distintas. El debate se da entre personas con opiniones distintas. Es decir, no veo una gran posibilidad de debate entre Saramago y Marcos.

JGV: Muchas personas me preguntan: ¿por qué Marcos nunca ha ido a Monitor? Tengo su respuesta. Simplemente dice que no quiere discutir conmigo.
EK: Dice Marcos en la entrevista con Scherer: "La mayoría de nuestros pronunciamientos son muy discutibles, y no se discuten precisamente porque están en un entorno social que implica otras cosas". No es cierto que no se discuten. Sí se discuten, y mucho. ¿Discutir las posiciones de Marcos significa discutir la legitimidad de su causa? No necesariamente. Yo creo, como muchos, que su causa es legítima. Cito a Marcos: "Nosotros hemos sido receptivos a ese debate de ideas y lamentamos de una u otra forma que no se haya podido dar". No es cierto que lamente que no se haya podido dar ese debate. Se ha negado a debatir porque lo que quiere son ecos. Ahí distingo el carácter mesiánico de Marcos, porque un Mesías no se equivoca, a un Mesías no se le pone en entredicho, a un Mesías no se le señalan matices, un Mesías sólo consiente la adoración.

JGV: ¿Fue un error de Zedillo el haber metido el expediente zapatista en la congeladora durante su mandato?
EK: La amnesia, el paréntesis histórico que se creó finalmente no condujo a nada; creo, por el contrario, que está muy bien que se haya abierto este proceso, esta catarsis de expresión colectiva me parece muy positiva. Realmente me he emocionado con lo que pasó en el Zócalo, me parece muy bien que ese México se exprese.
El zapatismo no puede reclamar para sí la representatividad de los diez millones de indígenas, ni mucho menos la de los cuarenta millones de pobres, por más atractivo, mesiánico y genio mediático que sea su líder. Pero sí tiene pleno derecho a expresarse, a manifestarse y a defender sus puntos de vista. Para ello hay que darle todas las tribunas posibles. Pero los zapatistas tienen que admitir, por su lado, que vivimos en una democracia, y que la representatividad en este sistema no se gana con balas, ni con marchas, se gana con votos, se gana negociando. Negociar implica ceder. No es viable la posición que dice que hay algo no negociable: tiene que negociarse, tiene que respetarse al adversario.
Marcos, con su coquetería habitual, le dijo a Julio Scherer "ayúdennos a perder". Mejor es que les digamos: permítannos ayudarlos a ganar. Aprendan a ganar. Han ganado muchísimo, han ganado el respeto de una opinión pública, han ganado mucho en la conciencia mexicana. Los mexicanos en general, salvo algunos cerrados recalcitrantes, una minoría, estamos, cada uno en su posición, dispuestos a intervenir en este proceso de reivindicación. Pero los zapatistas tienen que aprender a ganar, a ser realistas.
Me parece que es posible que se apruebe la Ley de la Cocopa, y esa firma dará lugar a un escenario posible de maduración nacional. Octavio Paz tenía razón: tenemos que reconciliarnos con nuestros orígenes, pero no es dividiendo a México entre los que tienen un color y los que no lo tienen como lo vamos a lograr. Lo lograremos dialogando, alcanzando un acuerdo inteligente y pacífico para administrar nuestros desacuerdos. Ese acuerdo se llama democracia. -

FEBRERO DE 2008

Las viejas ideas de las nuevas izquierdas

por Félix Ovejero Lucas

En este texto, Félix Ovejero señala cómo la izquierda contemporánea se ha ido alejando de su mejor herencia, aquella que apostaba por un parejo acceso a la libertad. No es que el ideario haya fracasado, señala, sino que las formas de institucinalizarlo han caducado.

Las fotos fijas ayudan a reconocer los cambios en el paisaje. Para situar “los cambios en la izquierda” hay muchas secuencias fotográficas a las que acudir. Una resulta especialmente iluminadora. Hace poco más de treinta años la izquierda europea más tibia incluía en sus programas diversas propuestas de propiedad pública o de redistribución de la renta. Apenas diez años más tarde, esa misma izquierda, en el gobierno, privatizó las empresas públicas y bajó los impuestos. En medio, no hubo mayores discusiones sobre la eficiencia y la equidad o sobre el control político de las empresas públicas. Hoy en las tertulias radiofónicas, que, en lo que tienen de complicidades tabernarias, con sus condenas y aplausos desprendidos de cualquier argumentación, condensan bastante bien los tópicos morales y políticos que rigen las sociedades, cualquier propuesta de hacer el camino de vuelta hacia lo que se consideraba normal hace bien poco, se juzga no ya “rancia” sino, directamente, un robo. Por supuesto, importan poco los datos o los análisis. Las descalificaciones no apelan a atendibles teorías sobre la eficiencia de los mercados en competencia perfecta. Las empresas públicas o los impuestos se condenan, sin más. Como se condena, en general, cualquier forma de intervención pública. Sin razones, como palabra última. A lo sumo, se acude a acartonadas consideraciones sobre la bondad de las empresas o los dineros en manos de la sociedad civil, como si unos pocos poderosos fueran más sociedad que todos los demás. A nadie le importa que, por lo general, en las privatizaciones, lo que era un monopolio público pase a ser un monopolio de unos cuantos, sin que el mercado asome por parte alguna, o que sociedades, como Suecia, con sistemas fiscales progresivos, en las que el gasto público alcanza al 60 % del PIB y las empresas públicas están entre las más importantes, obtengan notables niveles de bienestar y de calidad democrática. Y por supuesto tampoco se molesta nadie en recordar que sin un Estado fuerte no hay libertad o que sin intervenciones planificadas, a estas horas, la gripe aviar se habría llevado por delante a millones de seres humanos.

El cuadro describe bien cómo han ido las cosas. Ese es el aire que respira la izquierda. Y en él, como otras veces, ha intentado reescribir sus flaquezas como conquistas. El procedimiento ha sido el habitual: una vacua discusión acerca de la “necesidad de renovar el ideario”. Por lo común, esas gripes periódicas se saldan con tres o cuatro monográficos de revista y, si acaso, algún libro de algún académico reconvertido en periodista que, por primera vez, alcanza las librerías de los aeropuertos. La cosa se olvida al poco tiempo, sin mayores consecuencias. Hasta la próxima.

Pero esta vez, por circunstancias que merecen otra ocasión, las cosas han sido diferentes. Parece haberse creído en serio la cantinela de renovar “los principios”. El innegable fracaso de muchos de sus proyectos lo ha tomado como el fracaso de los principios que los inspiraron y, como el otro Marx, ha decidido cambiar de principios. Para ello ha acudido a un conjunto de materiales que, bien mirados, no son más que versiones varias veces recicladas de pensamiento reaccionario. Reaccionario en sentido estricto, de los que reaccionaron frente a la Revolución francesa: del historicismo alemán y su Zeitgeist. Eso sí, como la decoración importa, ha cambiado la presentación y la gastada idea tiene nuevas rotulaciones: multiculturalismo, diferencia, diversidad, comunitarismo. En lo esencial, la operación ha consistido en sustituir las políticas redistributivas y bienestaristas, inspiradas en unos principios universales de justicia que actúan como pautas de modificación social, por una multiplicidad de derechos particulares, asociados a distintos segmentos sociales, a distintas “minorías” supuestamente interesadas en preservar su particular identidad de grupo.

El resultado ha sido inequívoco: la dignificación de tesis ajenas a su mejor herencia. Mencionaré solo tres. La primera: una equiparación a priori de las “diversas culturas”, bien porque se las juzga igualmente valiosas, bien porque se las considera incomparables. Una equiparación que, bien pensada, impediría la denuncia de injusticias y opresiones, que requiere baremos para calibrar el mundo. La segunda: una disposición a otorgar prioridad a las comunidades sobre las instituciones públicas a la hora de abordar los problemas colectivos. Una elección que debilita las posibilidades de emancipación de los individuos –y en particular de las mujeres– y la crítica de las diversas formas de despotismo, de dominación arbitraria que se dan dentro de los grupos culturales. La tercera: la ignorancia de la raíz material de muchas desigualdades, y, por ende, de que una modificación de las condiciones económicas es el paso obligado para acabar con muchas fuentes de discriminación. Vamos, que la vida de los árabes de Marbella tiene poco que ver con la de los árabes de los suburbios de París.

La consecuencia condensada de la “renovación” ha sido la quiebra de lo que hasta ayer mismo constituía el nervio programático de la izquierda: el vínculo entre emancipación, entre libertad y justicia social. La izquierda arrancó con un diagnóstico: las desigualdades de acceso a la riqueza –o lo que se entendía como lo mismo: a la propiedad– estaban en el origen de desigualdades de poder incompatibles con el ideal de autogobierno, de democracia y de libertad. Y aquí las palabras tienen un exacto sentido. Democracia quiere decir igual posibilidad de influencia política, de poder, la que, por ejemplo, cristaliza en el lema “un hombre, un voto”. Y libertad, no sometimiento a ninguna forma de poder arbitrario, empezando por la voluntad de los otros. En una y otra cosa, los desposeídos puntuaban bajo. El que no tiene nada no puede decir que no y quien no puede decir que no, no es libre. Antes de conquistar los derechos sociales, los trabajadores no podían decir que no a condiciones laborales que convertían a las empresas en territorios de despotismo, de autoridad sin razones. En las decisiones políticas, en las decisiones sobre la vida de todos, la única voz que contaba era la de quienes podían amenazar con su disgusto y como únicamente su disgusto contaba, estaban en condiciones de convertir sus problemas en los problemas de la sociedad.

La izquierda entendió siempre que la democracia podía cambiar esas circunstancias. En la Revolución Francesa, los situados a la izquierda en la Asamblea Constituyente defendían la abolición del veto real, la legislatura unicameral, una judicatura elegida, la supremacía del poder legislativo y el sufragio democrático. Y la tributación progresiva. La justicia social se anudaba a la libertad y la ampliación de la democracia. Quien depende materialmente no está en condiciones de elegir con plena autonomía sobre su propia vida, de decir que no y de ejercer plenamente sus derechos. Con esa convicción reclamaron y consiguieron el sufragio universal, la ampliación de las libertades civiles y los derechos sociales. Esa alianza entre libertad e igualdad es la que se ha quebrado.

Y no porque haya perdido vigencia. Las desigualdades han alcanzado magnitudes que hasta asimilarlo cognitivamente resulta difícil. Ayudará una imagen que tomo de David Schweickart. Compara la riqueza con la altura, equiparando los ingresos medios con una estatura media de un metro ochenta, y pone a caminar a los norteamericanos, uno tras otro, durante una hora. Unas cuantas pinceladas del desfile aclaran bastante las cosas. Hasta que no pasan cinco minutos nadie alcanza los 30 centímetros. A la media hora, los que desfilan tienen una altura de un metro y medio. A los cuarenta y ocho minutos, la altura es de 2,5 metros. A los cincuenta y cuatro, y durante tres minutos, desfilan tipos de 3,7 metros. Gigantes que son enanos comparados con otros de 9,9 metros, que en apenas treinta y seis segundos han desaparecido. Pero todos, al fin, son liliputienses comparados con los que aparecen en los últimos segundos, unos cuantos que superan los trescientos metros, otros pocos, que miden cuatro veces la torre Sears, algunos menos con más de seis mil metros y, discretamente, si cabe la discreción, rematando el desfile, Bill Gates con unos trece kilómetros de altura. Intenten hacerse una idea de lo que supone levantar la cabeza y ver a su lado, desde su modesto metro ochenta, un individuo dieciséis veces más alto que el monte Everest. No alcanzan a verlo. Y ahora, el esfuerzo último: esos datos se limitan a Estados Unidos.

El problema, con serlo, no es sólo de justicia distributiva. Es también el de un poder no sometido a control democrático alguno. Andamos bien lejos del mito de la sociedad abierta, del mundo idealizado de leyes que enmarcan mercados descentralizados, en competencia, en donde nadie está en condiciones de imponer su voluntad. La realidad es bien otra. Es la de unos procesos económicos, imprecisamente designados como globalización, en donde poderes con capacidad de decisión muy superior a la de muchos estados, no se ven sometidos a controles jurídicos reales, en donde, llanamente, no hay lugar para las decisiones políticas. El camino de vuelta de la ilustración, del gobierno de las leyes, en lugar de los hombres. El camino que la izquierda quiso recorrer hasta el final, cuando aspiró a que la política, el control democrático, hiciera imposible que la desigual fortuna económica se convirtiera en desigual influencia política, en poder de unos sobre otros.

Pero, se dirá, la historia de la izquierda es no sólo la de las conquistas democráticas y sociales, es también, la barbarie del socialismo real. Y es verdad. El reconocimiento de esa circunstancia nos devuelve a la –interesada, pero esa es otra historia– confusión que estaba en el origen de la “renovación”: la confusión entre los principios y las instituciones en las que cuajan. Sencillamente, el fracaso en las formas de institucionalización –y acaso haya que incluir aquí no pocas nacionalizaciones– no equivale al fracaso de los idearios. La brutalidad del socialismo real no debilita la aspiración al igual acceso a la libertad, que es, puestos a decirlo con todas las letras, lo que hay detrás de la palabra igualdad. La caducidad no es de los valores, sino de las propuestas institucionales en las que se tradujeron.

Para quienes puedan pensar que no es más que un deshonesto modo de consolarse, quizá no esté de más algún recordatorio histórico. El siglo XIX es el siglo del liberalismo, sobre todo su primera mitad. Bien. Ahora algunos datos: a mediados del siglo XVIII Gran Bretaña era el país que poseía mayor número de esclavos, cerca de 900.000. En pleno siglo XIX había en América del Norte más de seis millones de esclavos, casi veinte veces más que ciento cincuenta años antes. Salvo cuatro de ellos, todos los presidentes de Estados Unidos, hasta 1848, fueron propietarios de esclavos. En breve: no es que el liberalismo tardara en abolir la esclavitud, es que el número de esclavos aumentó con el liberalismo. Hasta hay razones para pensar que, doctrinalmente, el liberalismo resulta compatible con la esclavitud. Se podría citar no pocos clásicos. Por supuesto, el liberalismo ha evolucionado. El más fecundo académicamente de los últimos años, el liberalismo igualitario, una de las fuentes intelectuales que cualquier izquierda informada tiene que atender, ha revisado muchos de sus clásicos puntos de vista.

La moraleja es sencilla. Para el socialismo la escribió una de las mejores cabezas del panorama filosófico contemporáneo, el filósofo de Oxford Gerald Cohen: “Creíamos que algo era bueno, tratamos de lograrlo y produjimos un desastre. ¿Deberíamos concluir, por ello, que lo que creíamos que era bueno, la igualdad y la comunidad, en realidad no era bueno? Tal conclusión, aunque se llega a ella frecuentemente, es una locura. Las uvas pueden estar realmente verdes, pero el hecho de que la zorra no las alcance no nos demuestra que lo estén”. ~